Pedro Ramón Durán falleció en la ciudad de Lawrence, Estados Unidos, a los 75 años, dejando tras de sí una historia marcada por la música. Nació en Juan Libre, Blanco Arriba, hijo de Ana Mercedes Durán y Susano Ortega. En 1964, siendo aún joven, su familia emigró hacia San Francisco de Macorís, donde comenzó a desarrollar una de las grandes pasiones que lo acompañaría durante toda su vida: la música.
Junto a su hermano Santos Durán, líder del reconocido grupo Hermanos Durán, Pedro Ramón aprendió a tocar la guitarra de manera empírica. La historia de ambos hermanos comenzó prácticamente con aquella primera guitarra que compraron por apenas tres pesos durante su juventud y que compartían mientras aprendían, nota a nota, los secretos del instrumento.
Entre los 16 y 18 años comenzaron a formarse musicalmente y, sin una enseñanza académica, fueron construyendo su propio estilo. La música se convirtió en mucho más que una afición: fue una forma de vida y un vínculo que mantuvo unidos a los dos hermanos durante décadas.
En 1975, Hermanos Durán grabó su primera canción, “Soy Pobrecito”, iniciando una etapa importante en su trayectoria artística. Posteriormente llegó “Mátame de Amor”, interpretada por Pedro Ramón Durán, tema que contribuyó a darle mayor reconocimiento entre el público y que contó con el respaldo de un popular locutor de la época conocido como “El Compa”.
Los Hermanos Durán llegaron a presentarse en su pueblo natal y en distintas celebraciones, donde fueron ganando popularidad entre sus vecinos. Sus canciones y presentaciones quedaron vinculadas a una época en la que la música de los artistas locales constituía una parte esencial de las fiestas y encuentros comunitarios.
La relación entre Pedro Ramón y Santos Durán trascendió la música. Fueron dos hermanos inseparables, unidos desde aquellos primeros años en que compartían una guitarra de tres pesos hasta los escenarios y proyectos musicales que marcaron sus vidas. Una hermandad construida entre acordes, canciones, sacrificios y sueños compartidos.
Incluso después de establecerse en Estados Unidos, Pedro Ramón mantuvo viva su pasión por la música. Durante sus últimos años tuvo un estudio de grabación en la ciudad de Lawrence, donde continuó ligado al mundo musical que había abrazado desde su juventud.
Su partida deja el recuerdo de un hombre que encontró en una guitarra el camino para expresar sus sentimientos y que, junto a su hermano, convirtió una sencilla afición de juventud en una historia musical que permaneció durante décadas.
Pedro Ramón Durán parte físicamente, pero quedan sus canciones, sus recuerdos y aquella historia de dos hermanos que comenzaron compartiendo una guitarra comprada por tres pesos y terminaron dejando una huella en la memoria musical de su comunidad.







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